Te agarraría de la cintura y suavemente, trayéndote hacia mí, te susurraría al oído mis más profundos sentimientos, ésos que hoy sólo yo conozco, ésos que quedaron guardados plácidamente dentro de un pequeño baúl, sin fondo.
Mantendría a todas horas el roce constante con tus manos y gozaría del sentir la suavidad de ellas, al simple tacto con las mías. Nunca las soltaría, son mi apoyo y el límite de mi flaqueza.
Te miraría siempre a los ojos para que, una vez te veas reflejada en los míos, pudieras ver que mis ojos sólo ven para y por ti, que en su pequeño universo, en su pequeña esfera de cristal tu imagen está grabada con fuego.
Y escucharía cada noche tus latidos para beber y vivir de ellos. Y mientras lo hago, cerraría los ojos y agarrándote dulcemente la mano soñaría, si, definitivamente soñaría, que la piedra nos roza, el viento nos sacude y la luz, se enciende.
Sólo para nosotras.
Sabiendo sólo tú y yo dónde estamos.
Mantendría a todas horas el roce constante con tus manos y gozaría del sentir la suavidad de ellas, al simple tacto con las mías. Nunca las soltaría, son mi apoyo y el límite de mi flaqueza.
Te miraría siempre a los ojos para que, una vez te veas reflejada en los míos, pudieras ver que mis ojos sólo ven para y por ti, que en su pequeño universo, en su pequeña esfera de cristal tu imagen está grabada con fuego.
Y escucharía cada noche tus latidos para beber y vivir de ellos. Y mientras lo hago, cerraría los ojos y agarrándote dulcemente la mano soñaría, si, definitivamente soñaría, que la piedra nos roza, el viento nos sacude y la luz, se enciende.
Sólo para nosotras.
Sabiendo sólo tú y yo dónde estamos.

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