¿Nunca has sentido que con cada parpadeo perdías algún detalle?
Yo lo sentí, me lo perdí y desapareció. Me perdí tus mentiras reflejadas en tus ojos, ya para mí, de cristal. Me perdí tu sonrisa maligna en la comisura de tus labios, y me perdí tus falsas palabras rebotando en tu cabeza, sabedora ésta de tu falsedad.
Parpadeé, dejé que mis ojos no existieran por segundos y tú te perdiste en un camino recto. Parpadeé y tus mentiras sobrevolaron mis ojos riéndose de mi ignorancia o de mi inocencia.
Creaste la falsedad para conseguir tus objetivos y me creaste a mí de la manera en que necesitabas hacerlo. Dejé de ser, junto con mis ojos, y pasé a ser un reflejo absurdo de lo que era. Estaba a tus pies, me rendía frente a ti y tu estrategia permaneció firme hasta que dejaste que tus verdaderos sentimientos aflorasen por esa piel que, antaño, yo deseaba. Y junto con ellos nacieron el orgullo y la verdad, el victimismo y el egocentrismo, unidas en santa alianza por cada letra que juntabas intentando escribir.
Textos que no leo, sino que por desgracia analizo. Textos que llevan mensaje oculto para la persona que sólo puede descifrarlo. Como un detalle ínfimo en el parpadeo, como una señal inequivoca de mentira y destrucción.
Y tú ya no permaneces ahí. Ahora mis ojos parpadean constantemente para no verte y si lo hacen, si te ven, miran hacia el lado en el que tu tenebrosa figura no les alcanza. Porque verte no es más que un castigo y tras él nace el odio, ése para el que dicen que no le separa más que una línea finísima, invisible. Como lo eres tú ahora a mis ojos. Como lo serás, ya de por siempre, en mi vida.
Yo lo sentí, me lo perdí y desapareció. Me perdí tus mentiras reflejadas en tus ojos, ya para mí, de cristal. Me perdí tu sonrisa maligna en la comisura de tus labios, y me perdí tus falsas palabras rebotando en tu cabeza, sabedora ésta de tu falsedad.
Parpadeé, dejé que mis ojos no existieran por segundos y tú te perdiste en un camino recto. Parpadeé y tus mentiras sobrevolaron mis ojos riéndose de mi ignorancia o de mi inocencia.
Creaste la falsedad para conseguir tus objetivos y me creaste a mí de la manera en que necesitabas hacerlo. Dejé de ser, junto con mis ojos, y pasé a ser un reflejo absurdo de lo que era. Estaba a tus pies, me rendía frente a ti y tu estrategia permaneció firme hasta que dejaste que tus verdaderos sentimientos aflorasen por esa piel que, antaño, yo deseaba. Y junto con ellos nacieron el orgullo y la verdad, el victimismo y el egocentrismo, unidas en santa alianza por cada letra que juntabas intentando escribir.
Textos que no leo, sino que por desgracia analizo. Textos que llevan mensaje oculto para la persona que sólo puede descifrarlo. Como un detalle ínfimo en el parpadeo, como una señal inequivoca de mentira y destrucción.
Y tú ya no permaneces ahí. Ahora mis ojos parpadean constantemente para no verte y si lo hacen, si te ven, miran hacia el lado en el que tu tenebrosa figura no les alcanza. Porque verte no es más que un castigo y tras él nace el odio, ése para el que dicen que no le separa más que una línea finísima, invisible. Como lo eres tú ahora a mis ojos. Como lo serás, ya de por siempre, en mi vida.
(Este texto viene a propósito de algo que leí. Cualquier parecido con la realidad no es más que una simple coincidencia de pasado. Y repito, de pasado.)

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